La Primera Absolución
El ser objeto de acusaciones en contra de su meta y su intención, fueron, de hecho una característica invariable del destino de Bediuzzaman. Cuando los grandes tumultos del 31 de marzo de 1909, tuvieron lugar, él estaba arrestado y fue enjuiciado ante un tribunal militar acusado de incitar el gran alboroto, aunque él había hecho un intento, y hasta cierto punto ingeniado, para apaciguar los acontecimientos. Mientras los cuerpos colgantes de los convictos ajusticiados se vieron a través de las ventanas del cuarto del Consejo de Guerra, Bediuzzaman hizo una defensa heroica y al fin fue declarado inocente.
Después de la primera parte de una seria de absoluciones, Bediuzzaman Said Nursi regresó a Anatolia del este, visitó las provincias remotas y clarificando a las personas que el movimiento de libertad que comenzaban a emerger en el país no era contrario al Islam. Él les dijo que todas las clases de dictadura fueron rechazadas por las Leyes Sagradas, las cuales serían alimento y manifestarían sus virtudes en una atmósfera libre. Más tarde él coleccionó estos discursos en un libro titulado, Los Debates.
En el invierno de 1911, Bediuzzaman fue a Damasco y presentó un sermón en La Mezquita Umayyad a una audiencia incluyendo a cien eruditos bien conocidos, explicando que la civilización verdadera contenida en el Islam dominaría al mundo moderno. Después Él fue a Estambul otra vez, para continuar sus esfuerzos para establecer una universidad en el este de Anatolia. Como el representante de las provincias del este, Él acompañó al Sultán Resad en su viaje a Rumelia y cuando estaba en Kosovo, Metohija, donde el Sultán pensaba establecer una universidad, Bediuzzaman le dijo a él, “El este está en más necesidad de una universidad, porque es el centro del mundo musulmán”. Así convenció al Sultán Resad a designar diecinueve mil liras de oro, y luego fue a Van y colocó la fundación de la universidad. Desafortunadamente, la construcción no fue completada por causa de la Guerra Mundial que pronto se manifestó.
El Miedo de los Rusos
En la Primera Guerra Mundial, Bediuzzaman Said Nursi sirvió como comandante del regimiento de voluntarios en el Caucasiano Fronterizo y en el del este de Anatolia. El heroísmo que demostró en combate le admiraron altamente los generales del ejército Otomano, incluyendo Enver Pasa, Ministro de la Defensa, el Diputado Comandante y Jefe de las Fuerzas Armadas Otomanas. Conjuntamente con sus voluntarios conocidos como “Las Gorras del Fieltro”, él llenó de terror a las fuerzas rusas y armenias. Mientras tanto Él escribió su comentario famoso sobre el Qur’an en el idioma árabe, algunas veces escribió a caballo, algunas veces en la línea delantera y algunas veces en la trinchera. Este comentario, nombrado los Signos del Milagrosamente, recibió aprecio inmenso de sabios eminentes.
En una de las batallas en contra de las fuerzas rusas invasoras, Bediuzzaman y otros noventa oficiales, fueron capturados. Él fue enviado al campamente de prisioneros en Kostroma, en la Rusia del Noreste, dónde él paso más de dos años y una vez apareció ante un pelotón de fusilamiento, como resultado de ofender al general ruso, Nicola Nicolaevich, el Comandante en Jefe del Caucasiana Fronterizo y el tío del Czar. Un día el general vino al campamento para la inspección y cuando pasó al lado de Bediuzzaman, él no se puso de pie ante el general. Cuando le preguntaron a Bediuzzaman, la razón del ¿Por qué él no se había puesto de pie?, explicó en estas palabras: “Soy un musulmán erudito y tengo creencia en mi corazón. Quién tenga fe en su corazón es superior al que no la tiene. No puedo actuar en contra de mi creencia”.
Fue ante el tribunal y fue sentenciado a la muerte, y cuando debió ser ejecutado, él empezó su última obligación, su oración, delante del pelotón de fusilamiento. El general presenció la escena y vino a Bediuzzaman esta vez con una disculpa. Él dijo que él ahora se había dado cuenta de que el acto de Bediuzzaman fue el resultado de su adherencia a su Fe, y la condena fue retirada, y el general pidió disculpa por perturbar a Bediuzzaman. Tristemente, esta virtud de un ruso, el enemigo de los musulmanes por mucho tiempo, nunca fue mostrado para Bediuzzaman en su tierra natal por los que le causaron una vida llena de tormentos de todas clases.
